San Alberto Hurtado (1901–1952) fue un jesuita chileno —abogado de formación— que hizo del Evangelio un acto concreto de hospitalidad y justicia. Conmovido por la vida en la calle, impulsó una campaña que dio origen al Hogar de Cristo: en 1944 tomó la decisión de fundarlo y en 1945 se bendijo su primera sede, obra pensada para “dar techo a quienes no lo tienen”. Su oración final, “Contento, Señor, contento”, resume una espiritualidad de alegría servicial incluso en la enfermedad.
Convencido de que la fe debe transformar la realidad, promovió la formación social y obrera; en 1947 creó la Acción Sindical y Económica Chilena (ASICH) para articular un sindicalismo inspirado en la doctrina social de la Iglesia. Murió en 1952 y fue canonizado el 23 de octubre de 2005 por Benedicto XVI; en Chile se le recuerda cada 18 de agosto, día que también inspira el “Mes de la Solidaridad”. Su legado invita a mirar a Cristo en el que sufre y a organizar la caridad con inteligencia y ternura.